04
JUL
2017

Ganadores XIII Concurso Literario IES Castilla 16-17

XIII CONCURSO LITERARIO I.E.S. CASTILLA

1.-Participantes. Podrán participar todos los alumnos matriculados en el I.E.S. Castilla durante el curso 2016-2017.

 

2.-Modalidad: Redacción.

 

3.-Temática: Para conmemorar el centenario del nacimiento de Antonio Buero Vallejo, dramaturgo español natural de Guadalajara, las redacciones tendrán que tratar sobre el tema “¿Qué es el teatro para mí?”.  Se ha elegido este tema porque es el que ha seleccionado la Diputación Provincial de Guadalajara para el concurso que ha convocado. De esta forma nuestros alumnos podrán participar en ambos.

 

4.-Criterios de valoración y de selección. El jurado tendrá en cuenta los siguientes criterios de selección:

·         Temática: hasta dos puntos.

·         Riqueza léxica: hasta dos puntos.

·         Empleo de la norma lingüística con arreglo a la edad del participante: hasta dos puntos

·         Calidad literaria y creatividad: hasta dos puntos.

·         Técnica, calidad y originalidad del dibujo: hasta dos puntos.

 

5.-Presentación. Las redacciones tendrán que ser manuscritas y tener una extensión máxima de cuatro páginas DIN A-4. Como la primera vocación de Antonio Buero Vallejo fue las artes pláticas, la redacción de los alumnos de Educación Secundaria Obligatoria deberá completarse con un dibujo original sobre la figura de Buero o sobre alguna de sus obras teatrales.

 

6.- Categorías:

Primera categoría:   1º Ciclo de E.S.O.

Segunda categoría:   2º Ciclo de E.S.O.

Tercera categoría:   Bachillerato y Módulos

 

7.-Premios. Se establecen tres premios, uno para cada uno de los ganadores de las diferentes categorías.

 

8.-Jurado. Estará presidido por el Director del Centro e incluirá a representantes del profesorado, del alumnado y de las familias.

 

9.- Los participantes deberán entregar sus trabajos antes del día 26 de enero de 2017.

 

10.-El fallo del jurado se hará público el día 25 de mayo de 2017.

 

11.- Los premios se entregarán durante la ceremonia de cierre de curso que se celebrará en el mes de junio.

XIII CONCURSO LITERARIO

I.E.S. CASTILLA

2016-2017

 

 ACTA DEL JURADO DEL XIII CONCURSO LITERARIO

  

1ª CATEGORÍA. 1º  CICLO  E.S.O.

1er Premio: Rocío González Regidor

Accésit: Amara Seeruttun Cezón

2ª CATEGORÍA. 2º  CICLO E.S.O.

1er Premio: Julia Martínez López

Accésit: Sara Meda López

      

 3ª CATEGORÍA. BACHILLERATO Y MÓDULOS.

1er Premio: María Fernández Poyato

Accésit: Juan Bruno Paniagua

 

 ¿QUÉ ES EL TEATRO PARA MÍ?

El teatro. ¿Qué es en realidad el teatro? Hay gente que dice que es una representación de un libro, película o poema para que los espectadores lo visualicen mejor, otros piensan que es un gozo para el cuerpo y el alma y por último están los que dicen que el teatro es una excusa o una buena oportunidad para perder clase; de esos yo conozco bastantes.

Ahora que he expuesto diferentes opiniones sobre el teatro, quizás, los más curiosos, os estaréis preguntando cuál es mi opinión sobre dicho tema y la verdad es que no quiero dejaros con la duda en la cabeza, ya que las personas somos muy duras de mollera y hasta que no averiguamos o demostramos que tenemos razón en algo, no paramos e incluso molestamos; así que os escribo aquí mismo mi opinión:

Para mí, el teatro es un espectáculo de emociones, colores y luces armoniosas que te hacen viajar a lugares recónditos, a épocas pasadas o futuras o a paisajes que solo pueden contemplarse en lo más oculto de tu imaginación.

La trama, el romanticismo, la intriga junto con el misterio, la alegría, la tristeza, la fuerza o la esperanza, todo junto en un mismo escenario para hacernos gozar y disfrutar de un espectáculo que hace que el corazón se desborde de euforia, aún con la historia más triste.

Un conjunto de emociones y sentimientos a flor de piel que nos hacen vivir sueños maravillosos y que parecen imposibles.

Puede que muchas personas piensen que el teatro es una gran pérdida de tiempo, pero en el mismo momento en el que se apagan las luces comienza una gran aventura de gozo y diversión. A esas personas a las que no les gusta nada, las llamo “amargadas”.

Cuando era pequeña, me gustaba ir al teatro del Palacio del Infantado en el cual salían los guardianes del museo representados por un gran león y un cuervo bastante sabio. Creo que ese fue mi teatro favorito en mi infancia.

Después de ese gran teatro he asistido a bastantes más y eso me llena de orgullo. La verdad es que ahora no suelo asistir a muchos teatros, pero siempre que se me presenta la ocasión me apunto sin dudarlo.

Otro de los motivos por los que estoy haciendo esta redacción es para conmemorar a uno de los grandes artistas que nos dejaron hace tiempo, pero al que siempre recordaremos como a uno de los personajes más importantes en nuestra literatura y en nuestro teatro. Este año recordamos su aniversario y merece una gran alabanza, así que yo creo que deberíamos dirigirle unas palabras de agradecimiento al gran Antonio Buero Vallejo por habernos dejado ese gran regalo que nos hace disfrutar a cada momento aquí, en nuestra tierra de Guadalajara.

No conozco muchas de sus obras, pero eso no le resta importancia a la gran persona de Buero Vallejo; y para concluir esta redacción que ha sido un gozo de escribir, quiero recalcar la importancia de este personaje y sobre todo la de las obras más importantes que tenemos: La literatura y el teatro.

Rocío González Regidor   2ºC

 

¿Qué es el teatro para mí?

Todo empezó un caluroso día de mayo cuando tenía cinco años: la profesora entró a clase y nos dijo que tenía una sorpresa para nosotros. Todos pensábamos que nos iba a dar chuches o chocolate, pero no, nos dijo que íbamos a ir al teatro, ¿al teatro? ¿Qué era eso?

Una niña de mi clase que se llamaba Laura empezó a chulearse de que había ido al teatro antes y que era chulísimo. Como yo no sabía lo que era, pensé que era algo muy divertido, como el eco, o un parque.

Cuando llegué a casa le pregunté a mi abuela qué era el teatro y me dijo que era un edificio increíble donde se representaban historias, ¿Edificio increíble? Empecé a imaginarme un edificio inmenso con paredes de chocolate y dulces y el techo cubierto de oro y diamantes.

Pasada una semana, llegó el día de ir al teatro; la noche anterior no había podido dormir, y de camino al teatro estaba muy nerviosa, como el resto de mis compañeros de clase.

Al llegar al teatro, me sorprendí al ver que no era como yo me esperaba, pero aun así, pensé que era un lugar muy bonito. Había muchas filas de butacas y una gran cortina azul tapando el escenario.

Cuando las cortinas empezaron a abrirse, me esperaba una pantalla gigante donde proyectarían una historia, pero lo único que había eran unas personas disfrazadas hablando sobre algo. Después de un rato empecé a darme cuenta de que estaban representando el cuento de la Cenicienta.

Me impresionó mucho cómo esas personas se podían acordar de todo lo que tenían que decir, y que cada vez que se cerraba el telón, al abrirse de nuevo estaban en un entorno diferente, como por arte de magia.

Ese día aprendí que el teatro no solo era el precioso edificio que me había dicho mi abuela, sino también, las historias que se cuentan y con qué pasión se transmiten. Aprendí que el teatro es ilusión, misterio, una forma diferente de soñar, que nos transmite sentimientos que ningún otro medio logra reflejar.

Amara Seeruttun Cezón  1ºESO A

 

¿Qué es el teatro para mí?

Siendo sincera, no soy una gran fanática del teatro, apenas he pisado un escenario, me he dejado llevar desde el patio de butacas, ni he creado una realidad donde sumergir al espectador con la tinta de mi bolígrafo.

Podría inventarme una falsa historia, hablar de lo maravilloso que es este arte para mí, lo mucho que me ha ayudado a superar mis miedos , mi  vergüenza, que me ha permitido conocer nuevos amigos que me han sacado sonrisas y lágrimas. Lo duro y complicado que resultó todo el trabajo que había detrás de cada personaje y escena, pero que fue compensado con la grandiosa sensación de satisfacción, y de haber entregado el 100% al hacer una reverencia de despedida ante el público; en un principio expectante y finalmente involucrados con la obra, que muestran su agradecimiento con sumos aplausos, esperemos por un gozo alcanzado, y no porque eran tus familiares, o peor aún, alegres porque al fin había acabado esa obra que les había hecho perder el tiempo.

Quedaría de película que dijera todo eso, que el teatro hubiera llegado a mí en el momento que más, lo necesitaba, que hubiera sido mi salvavidas, mi botella de oxígeno. Hablar sobre cómo me invadía la sensación de estar viajando a un universo paralelo, el decorado, las voces de los actores, cada gesto y emoción, la trama de la historia, como la magia del teatro recorre mis venas alterando mi sistema circulatorio. Llevando todo esa emoción y enriquecimiento a mi corazón, para hacerme sentir viva y que este pequeño, no late solo por sobrevivir con suministros de oxígeno, entrando a él el poder de este arte y saliendo por la arteria pulmonar para darle un soplo de aire fresco a mis pulmones y unas cuantas razones por las que seguir respirando. Realizando un segundo recorrido, desde la aorta a cada parte de mi cuerpo para que recordara lo que es sentir, que la piel se te ponga de gallina, que se acelere el pulso y se active todo lo que forma mi ser, desde mi cabeza a la punta de los dedos.

Todo esto sería genial sí, si fuera real. No digo que no puedo serlo, sino que no he tenido la suerte de comprobarlo y por ello me encuentro ahora hablando desde la más clara ignorancia.

Son ínfimas mis experiencias con el teatro, apenas lo he rozado con la yema de mis dedos, de puntillas, más aún espero abrazarlo entre mis brazos y sostenerlo por la gracia y el placer que me concede, acunarlo, cantar nanas a las tragedias para que puedan dormirse, una vez corrido el telón y quedado toda esa tristeza para ellas solas, deleitarme con las comedias y llegar al séptimo cielo cuando alance el límite del placer, sometida al efecto de la endorfina liberada por las carcajadas que se contagian desde la primera a la última fila. Quiero ver más allá del espejismo de risas y vanidades tras el que se esconde un fondo más complicado. Desearía hacerles ver a las tragicomedias que son perfectas tal y como son, con su bipolaridad e intriga, que comprendan que tras el dolor y la tristeza, siempre queda un último acto por el que se asoma una sonrisa, seguida de sus perdices y final feliz. Espero reencontrarme con la inocencia y la aparente simpleza de las obras infantiles, puesto que al crecer, te das cuenta que no eran solo puro entretenimiento, lobos, niñas con caperuzas, princesas despistadas que perdían su zapato, o dormilonas que no se podían despertar.

Quiero hacer un viaje en su historia, desde su nacimiento en Grecia a su actitud en el presente, porque el teatro ha sido y es uno de los mejores medios a mi parecer para transmitir y hacer entender un mensaje determinado. Este niño, el teatro, ha crecido, ha visto de todo, guerras, amores, ideas políticas, burlas. Ha ido evolucionando sin perder su esencia, inmortal compañero del tiempo, sentimientos, de cultura y sabiduría.

Después de todo esto, quiero hablar sobre mi relación con el teatro. He visto dos obras, leído una, y escrito, a duras penas, otra.

Cuando vi la primera obra tenía cuatro años y fue gracias a una excursión escolar, pero la verdad es que no recuerdo apenas nada, tan solo que no podía quitar la vista de encima de los actores y compañeros, intentando asimilar todos aquellos nuevos aspectos que estaba descubriendo.

La segunda obra fue una comedia, pensé que sería solo pasar el rato con mis amigos, que no me reiría, pero la cosa no fue así. Olvidé todo lo que tenía en mente, sentía que estaba en una especie de limbo, hizo que sacara a la superficie mis sentimientos, algo que casi nunca sucedía. Y cuando las luces se encendieron, se corrió el telón, y empecé a escuchar el ruido que hacían las butacas al cerrarse, me sentí aturdida, pues había puesto todo mi ser en esa obra.

También participé en una obra de teatro, pero no lo pasé muy bien, era pequeña, y demasiado tímida.

A los 13 leí la obra la obra de Romeo y Julieta, y me fascinó, tal vez por la historia en sí o porque siempre me ha llamado más la lectura que las artes escénicas.

Y en cuanto a la obra que escribí, me lo pasé genial haciéndola, pero la falta de tiempo hizo que no pudiera dar todo de mí.

Para concluir, me gustaría decir que el teatro no está oficialmente entre los siete artes oficialmente, pero pensemos, ¿acaso no está conectando con la música, la danza, la poesía y la literatura, el cine, o incluso la arquitectura, la escultura y la pintura como podemos ver en el decorado? Para mí es uno de los más completos artes.

Pero además, hay algo que, aunque el teatro no se encuentre entre mis principales actividades, me ha podido enseñar: Y es que, a veces, como en muchas ocasiones nos han dicho, hay que mirar la vida desde fuera, como cuando ves a los actores cada uno interpretando los sentimientos que les invaden y actuando según la perspectiva con la que ven los hechos persistiendo en sus ideas cabezotas, cuando tú claramente estás viendo la solución al problema.

Puede que el guion ya esté escrito y tengamos que ceñirnos a él, pero si hay algún imprevisto, problema, falta alguno de los actores, hay que saber dejar el guion aparte, y estar listos para improvisar, igual que en la vida.

Julia Martínez López.  4º B

 

¿QUÉ ES EL TEATRO PARA MÍ?

¿Qué es el teatro para mí?… Esta pregunta es más difícil de lo que pensaba. Podría enumerar las obras de teatro a las que he asistido como espectadora, o contar mi opinión sobre este arte, o simplemente limitarme a decir lo mucho que me gusta hacer planes para pasar un buen rato en el teatro con mi familia. Pero sería demasiado sencillo.

El teatro para mí es algo más allá de una historia dialogada, con varios personajes, diferentes escenarios y atrezo para hacer más creíble la representación. Considero que además de ser una de las formas más originales de contar una historia, es un arte con magia. Puedes reír, emocionarte, sorprenderte, empatizar con el protagonista, ver la vida desde otros puntos de vista, aprender la cultura de diferentes lugares y épocas, dejar volar tu imaginación…

Detrás de cada espectáculo se refleja el trabajo de decenas de personas que se esfuerzan al máximo para que todo salga como en los ensayos, o incluso mejor. Técnicos de luz y sonido, coordinadores, tramoyistas, actores y actrices, directores de escena, y los más importantes, los escritores de la función. Todos utilizan su talento para conformar una obra teatral ideal, y de ellos depende la calidad del espectáculo representado.

Cuando pagamos una entrada y tomamos asiento en la butaca, esperamos pasar un rato de descanso, y disfrutar mirando al escenario. Yo misma he podido comprobar que cuando una obra gusta de verdad, y tiene calidad, los vítores y aplausos por parte del público son muy enérgicos y durareros; sin embargo, en ocasiones se puede percibir también cuando el espectador aplaude por cortesía y sin entusiasmo, y no se pone en pie en señal admiración.

La mejor manera de saber en primera persona qué se siente al formar parte de una función es subiéndote a un escenario. Yo he podido experimentar ambas posiciones, como espectadora y como actriz, y ese cosquilleo que notas en el estómago al actuar frente a cientos de personas no tiene precio. Al finalizar el espectáculo sientes que tu esfuerzo ha valido la pena, y que has podido hacer que todas esas personas de olvidaran de sus problemas durante un rato y se sumergieran en la obra, prestándote atención. En ese momento, a pesar de notar cómo los focos te ciegan, la inmensidad del telón y sentir innumerables nervios, te das cuentas de los que el teatro significa para ti: todo.

El teatro Buero Vallejo, cuyo nombre hace homenaje al célebre escritor y dramaturgo guadalajareño, es para mí como una segunda casa, un lugar muy familiar. He estado allí desde pequeña viendo actuaciones, y ahora, actuando; he podido entrar en su interior, dentro de los camerinos, estar tras el temido telón… y un sinfín de experiencias más, como poder compartir escenario con los chicos del coro. Ocurrió hace ya un par de años, pero fue mi primer contacto con el mundo del espectáculo, y a partir de aquel concierto mi interés por este arte ha ido creciendo. El teatro es mi pasión; gracias, Buero, por traerlo a esta ciudad alcarreña.

Sara Meda, 3º ESO B.

 

UNA HISTORIA DE SUPERACIÓN:

“Tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac…”

“Pum-pum, pum-pum, pum-pum, pum-pum…”

Con la mirada perdida me despierto, estoy detrás del telón “últimos cinco minutos”, luego silencia. Vestida y maquillada espero, el miedo acecha, se huelen los nervios. Intrigada pienso, y si se me olvida el guion, si no me acuerdo, si todo sale mal. Tantas horas de esfuerzo, tantas frases aprendidas, ensayos y repeticiones, tantos errores y decepciones, pero al mismo tiempo, orgullo y alegrías. Amigos y compañeros, enfados, reconciliaciones. Pero, sobre todo, buenos momentos.

Todo esto es un sueño para mí, se me hace raro pensar que hoy, por suerte o por desgracia es el día. Tres países, treinta y dos ciudades y ciento cincuenta y cinco días en activo. Un gran reto hecho realidad.

Echo la vista atrás y lloro al pensar lo que he conseguido. Martes, jueves y viernes, esos eran los días más difíciles de la semana; dos años de sinceridad, confidencias, esfuerzo y ejercicios, muchos ejercicios. Dos años de psicólogos, logopedas y orientadores. Tenía pánico escénico, vergüenza y timidez. Nadie toma eso en serio hasta que no lo vive. Era duro no poder hablar con tus padres, ir a comprar el pan y no poder pasar más allá de la puerta o tener que utilizar a tu hermano como intermediario.

Vivía en un continuo llanto, simplemente por tener que estar unas horas separada de mis padres o por no poder decir lo que pensaba, lo que sentía o si me encontraba mal.

Mala me ponía cada vez que tenía que hablar en público, me entraban sudores y me sonrojaba, y aunque acababa evitando el contacto visual y me imaginaba a la gente desnuda, nada me funcionaba. Era la rara de la clase, la sosa, estaba pero no lo aparentaba, tampoco quería llamar la atención, me constaba relacionarme y ser yo misma, me faltaba confianza y decisión. La gente pensaba que era dislexia, pero no, era pánico y timidez, ridículo, pero serio. Poco a poco i frustración y mis ganas de tirar la toalla aumentaban, y los médicos y especialistas decían: “Esto es normal, no hay de qué preocuparse” o “progresas muy bien pero aún falta mucho”, lo que te hacía pensar que ellos no tenían ningún interés por ayudarte, sino que solo querían el dinero.

Estuve dos años perdiendo el tiempo y los ahorros familiares hasta que lo dejé. La decisión fue fácil, ese problema ya formaba parte de mí y de mi vida, y solo me quedaba asumirlo y acostumbrarme.

Creí que todo se iba a quedar así, pero vi la solución en el teatro. Mis ganas y mi actitud me dieron la fuerza necesaria para apuntarme, y sin pensármelo dos veces lo hice. Solo tuve que parpadear para verme sentada en un círculo junto a diez personas más, ninguno tenía ningún problema o trastorno como yo y además ya habían actuada más veces. Me tocó presentarme, estuve a punto de levantarme e irme, pero tragué saliva, cogí aire y como pude dije mi nombre, tartamudeando y en voz baja, pero lo dije. Lo raro fue que me entendieran. Parecían amables, y aunque todos eran mayores que yo, me trataron como una más de esa familia. Mi silencio y timidez no resultó ser ningún problema y pude congeniar con ellos a la perfección.

Fue complicado el comienzo, no me hubiera extrañado tener que hacer de árbol o de piedra, al fin y al cabo aún no me sentía preparada. Por lo general, el reparto de papeles no estuvo mal, tenía miedo de que me pusieran un personaje con mucho texto, empecé siendo el segundo personaje secundario, y aunque solo decía dos frases, no me quejaba, ya era demasiado para mí. Gracias a mis compañeros, al director y a los organizadores pude decir mis dos frases de un tirón, fue un gran esfuerzo, pero muy gratificante, poder hablar delante de un público era un ejemplo de superación increíble. El teatro no era nada del otro mundo, pero yo lloré como se de una obra de Buero Vallejo se tratara. Desprendía adrenalina y lo mejor fue la seguridad que cogí. Esto solo era el comienzo de una larga aventura.

Me arrepiento de no haber conocido esta medicina mágica antes, me gustaba ir a verlo, pero siempre me lo imaginaba como un reto imposible, como algo fuera de mis posibilidades. Pero por fin estaba haciendo algo que me gustaba, me llenaba y con lo que me lo pasaba bien. Estaba buscando el remedio a mis problemas en lo científico y en lo complicado cuando la solución era mucho más fácil: el teatro.

Desde aquel día mis ánimos cambiaron a mejor, el teatro me hacía sentir viva y bien conmigo misma. La sensación de poder intercambiar algunas palabras con la gente me emocionaba. Evolucionaba muy rápidamente, era muy gratificante, por eso las siguientes funciones vinieron rodadas. Cada vez estaba más segura de mí misma, de lo que hacía y de que podía hacerlo. Como todos, tenía días peores y días mejores, pero aunque me cayera, me seguía levantando.

Mis logros en el teatro no fueron muchos, y menos reconocidos, pero para mí eran los más importantes. Lo contaba y no me creían. Las amistades han sido otro punto fuerte, ya no soy la rara, ni la sosa, aquí la discriminación está prohibida, todos somos iguales. Por eso ellos han sido los que más me han ayudado. Hablo de ellos como mis hermanos, ahora ya lo puedo contar, no me lo guardo.

Por todas estas pequeñas pero importantes cosas ahora estoy aquí, a cinco minutos de que empiece mi última actuación, así lo he querido. Me duele dejarlo, pero ahora que personalmente estoy en mi mejor momento, quiero dedicarle más tiempo a mis estudios y a esa gente a la que nunca me atreví a hablar. He logrado todo lo que quería, soy el personaje principal, estoy nerviosa por hacerlo bien, pero no por no poder hablar ni mirar al público. Antes de salir al escenario me pregunto: “¿qué es el teatro para mí?”, simple, para mí el teatro lo es todo, me gusta más verlo que actuar, pero gracias a él soy quien soy y he pasado unos años de mi vida maravillosos. Él me dio fuerzas y confió en mí cuando casi lo di por perdido. Él me ha enseñado a ser mejor persona, a creer en mí misma y me ha dado la oportunidad de conocer a los mejores amigos.

Se cierra el telón.

MARÍA FERNÁNDEZ POYATO      1ºA BACHILLERATO HUMANÍSTICO

 

EL TEATRO

El teatro ha venido a mí con dos cuerpos: con la tragicómica mueca del espectáculo y entreverado en las lecturas de la adolescencia.

En lo que respecta a la actuación, no he acudido a muchas representaciones. En la infancia me han llevado a ver espectáculos cortos, ya sea Pinocho, representado por Ultramarinos de Lucas, ya sean guiñoles de cantares populares. Siempre ha resultado agradable, como un pequeño viaje, un vuelo fugaz de la imaginación. La sensación que más viva me ha quedado grabada es justo el momento de después. Salir del Teatro Moderno o del Buero Vallejo entre las brumas del invierno o con el vaporoso atardecer del verano lleno de melancolía, una tristeza grave, de domingo, fin de la fiesta. Y las imágenes quedan presas todavía, como ecos en la memoria. Sinceramente, es una sensación un tanto desagradable, de añoranza, de pena, pero a la vez muy relajante. Queda la cabeza en una nube, tranquila y aliviada, sin llegar todavía al mundo después de la representación. Supongo que tiene que ver con la catarsis o purificación del alma de la que hablaban los griegos. Se decía que la identificación con los personajes en la tragedia conseguía limpiar el alma. En cuanto al teatro como lectura, fue Edipo Rey de Sófocles la primera obra que leí. Esta me marcó enormemente. En aquella época tendría la edad de trece años y nunca había leído algo tan desgarrador, ni siquiera en poesía. Posteriormente la volví a leer para las clases de griego en Bachillerato, y no dejó de sorprenderme. Otra obra que han conseguido emocionarme, en este caso por lo cómico ha sido Anfitrión de Plauto. Recuerdo haber leído esta en clase de latín con Charo (en voz alta) y no poder aguantar la risa, por lo que nos costó casi una semana de lectura. Leímos en otra ocasión Hamlet, en clase de Literatura Universal, también en voz alta, y me causó especial emoción, pues me tocó a mí el papel de Hamlet. Pero la obra más reciente y que probablemente he disfrutado más ha sido Luces de Bohemia, de Valle-Inclán. Sus hábiles diálogos, juegos lingüísticos y ese hilo trágico y oscuro del esperpento, pero a la vez burlón y grotesco, han conseguido desbaratar todas mis estructuras mentales, lo cual me resulta fabuloso.

Pero he olvidado una forma trascendental de descubrir el teatro: actuando en la representación. No es lo mismo leer en voz alta que leer para sí, pues el hecho de leer en voz alta provoca la encarnación del personaje, sentir lo que este siente, querer no que este quiere… El autor dirige las emociones del personaje para conseguir que, tanto el actor como el público, exploten en sentimientos y adrenalina, suban una montaña rusa de la palabra y se pierdan en los confines de la imaginación. Pero representar una obra es distinto que estar entre el público. Al ser tú el personaje ves la obra desde dentro, interiorizas la tragedia, hasta haces lo que sientes, y eso es lo mismo que siente el personaje y a veces el autor. La obra que más me ha impresionado desde este punto de vista ha sido Macbeth, en la que yo interpretaba una parte del propio

 

Macbeth y que consiguió llenarme de furia, de ironía, pena y rabia, aun siendo una representación de lo más “familiar” en las clases de inglés.

Por lo tanto, ha sido el instituto el lugar que me ha introducido más en el teatro, ya fueran las representaciones en las clases de inglés, las lecturas en las clases de literatura, latín o griego o las lecturas “para casa” de lengua. Y aunque no he disfrutado con todas, muchas de estas obras se encuentran entre mis libros favoritos.

Juan Bruno Paniagua 2º Bac. Hum. A